No terminó una huelga de 18 años; lo que terminó fue una de tantas mentiras que sostienen al eterno intento de minero: Napillo, quien no se ha cansado de saquear las cuentas del Sindicato Minero y de enriquecerse de manera grotesca, junto con su familia, a costa del trabajo ajeno.
Por años, Napoleón Gómez Urrutia —desde la opulencia y el enriquecimiento ilícito— privó del derecho al trabajo a miles de mineros en Cananea. Lo hizo bajo la mentira de que, al sostener un movimiento de huelga, recibirían años de salarios caídos, prestaciones y horas extras; casi les prometió que serían millonarios.
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