Semejante muestra de unidad y entreguismo —pero no hacia sus afiliados ni hacia la justicia laboral— confirma que los charros no dejan de asombrarnos. Pasaron del cinismo y la simulación, al entreguismo y la sumisión absoluta. Un grupo de sindicatos, esos que irrisoriamente suelen llamarse "representantes de la fuerza de trabajo", lanzó un comunicado cuyo destinatario no eran sus trabajadores ni el pueblo de México, sino el despacho presidencial en Palacio Nacional.
Fue la muestra por escrito de la “lealtad incondicional” hacia el partido en el poder; significa jurar que no habrá exigencias. Es el acta de defunción de la poca autonomía obrera que les quedaba y, claro, el camino a la impunidad que a algunos les urgía conseguir.
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